Adicciones

Adictos en ocho segundos

La primera calada es intensa. Hay que saborearla. Se aspira lo máximo que se pueda de humo, tratando de retenerlo en los pulmones el mayor tiempo posible. Y a partir de este primer contacto, uno casi está perdido. La pasta base de cocaína (PBC) tarda entre ocho y 12 segundos en llegar al cerebro, donde su actuación es inmediata. Se desata la dependencia y el resto de consumo del cigarrillo es desesperado, compulsivo, hasta el punto de preparar otro antes de que el que está en la boca se consuma del todo. Así en un bucle sin fin.
Un informe presentado este mes por la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) alerta del aumento de consumo de este tipo de sustancia en los países de América Latina y señala que «ha dejado de estar segmentado en la población de estratos medio y bajo» para empezar a enganchar a personas con alto poder adquisitivo.
«El incremento del uso de pasta base comienza tras la crisis económica argentina de 2001. En principio, la usaban personas de escasos recursos, denominándose la droga de los pobres, pero se fue popularizando. Nuestros estudios muestran que en 2002 sólo un 5% de los consumidores de PBC eran de clase media y en 2013 el porcentaje ya es del 52%«, explica a ELMUNDO.es el psicólogo Pablo Rossi, director de la Fundación Manantiales, especializada en el tratamiento de la drogadicción. 
Aunque recibe distintos nombres -‘pasta’ en Perú, ‘basuco’ (por base sucia de cocaína) en Colombia, ‘pitillo’ en Bolivia, ‘pasta base’ en Chile y el famoso ‘paco’ en Argentina y Uruguay (con una nueva derivación más dañina aún, llamada ‘alita de mosca’)- sus efectos son los mismos y su accesibilidad también. La sustancia se consigue fácilmente y es muy barata. Por uno o dos dólares se compra la dosis, que se introduce en un cigarrillo de tabaco -‘tabacazo’- o se puede mezclar con marihuana -‘mixto’-.
Los ‘pastómanos’, como se llaman ellos mismos, cada vez son más jóvenes, un hecho que preocupa a las autoridades. Según la Agencia de la ONU «el inicio de consumo de esta droga en los últimos tres años fue a los 13 años. En 2006, la edad de inicio se situaba a los 15″.R. y S., de 14 y 15 años respectivamente, corroboran este punto. En rehabilitación para desengancharse de su adicción a la PBC, tienen historias similares. De familias pobres, la sustancia está a la orden del día en sus comunidades. R cuenta: «quería consumir cada vez más. Me adormecía la boca y el cuerpo y me olvidaba de todo». S reconoce que «esta droga me daba tranquilidad pero también hay momentos en los que asusta, que caminas mirando a todos lados, pensando que te persiguen».
La paranoia

Los consumidores de PBC prefieren consumir a solas o con muy pocas personas. Necesitan silencio y la seguridad de que no van a ser molestados, para reducir la intensidad de la paranoia o delirio de persecución que van unidos a los efectos de la intoxicación. Para los médicos que han elaborado el informe, «la PBC genera una de las formas más graves de dependencia, tanto psicológica como física, lo que motiva una inmediata renovación de la dosis y la aparición de euforia, seguida de ansiedad, anorexia, insomnio y depresión».

Daniel, 25 añ0s: «Cuando estaba drogado era casi un animal, parecía un perro de la calle»

Daniel, de 25 años y en tratamiento en la Fundación Manantiales narra su experiencia: «Empecé con la pasta base tres años después de haberme fumado mi primer porro. Tenía 16 años. La cocaína ya me había dado vuelta a la cabeza. Por ahí me tomaba un papel y cuando se acababa seguíamos con pasta base que es mucho más barata. Después directamente compraba pasta base. Pegaba rápido, era una sensación de euforia única, pero en el bajón sentía que se acababa el mundo. No me importaba nada. Sólo quería más droga. Tenía sexo por dinero, vendía mis pertenencias, robaba a mis padres, abuela, amigos… Todo por un poco más. Cuando estaba drogado era casi un animal, llegaba a tocar mierda con la mano, parecía un perro de la calle. Quienes piensan que es una droga barata se equivocan. Al final del día me había fumado unos 20 papeles…».
Los pastómanos presentan algunos rasgos comunes tras el consumo, como «la «agitación, la salivación, los temblores y los deseos de defecar cuando ya está presente el cuadro clínico de dependencia». Algunos desarrollan un perfil esquizoide, condición por la cual creen que están influenciados por un poder externo que «roba» sus pensamientos y piensan que están controlados por voces que los dirigen.
Otros síntomas que alertan a las familias de que uno de sus miembros puede ser consumidor de PBC son: una rápida pérdida de peso, desgana, agotamiento, alucinaciones, vómitos, alteración del juicio… y un impacto devastador en la autoestima. A la larga, puede sufrir insuficiencia respiratoria, infarto de miocardio, daño cerebral e infecciones.
Según explica el psicólogo Rossi, estos adictos suelen comenzar el día con una dosis, «cuya euforia puede durar entre 15 y 20 minutos y luego llega el bajón y «craving» (la necesidad imperiosa de consumir). Y así pasan toda la jornada». Es palabra de terapeuta y ex adicto. La rehabilitación pasa por el internamiento en un centro. Pero como reconoce el director de la Fundación Manantiales, «el índice de deserción de adictos a la pasta base es superior al de otros consumidores de drogas».
«El dependiente es un ser para el cual el mundo pierde significado. Está en ruinas. El terapeuta tiene la enorme tarea de ayudar a reconstruir un universo donde la persona sienta que vale la pena existir», explica Carmen Masias Claux, Presidenta Ejecutiva de la Organización DEVIDA-Peru, que escribe una introducción al informe.

Cóctel de cafeína y yeso

El componente principal de la pasta base es la cocaína, que en la sustancia no adulterada debe representar más del 80% del total de su masa. Pero la que llega a los consumidores suele estar adulterada. Se rebaja con distintos productos como harina, azúcar en polvo, carbonato o bicarbonato de sodio, benzocaína o cafeína, tiza, yeso, entre otras sustancias. La PBC es un polvo blanco mate, cremoso o pajizo, insoluble en agua y compuesto por diversos productos que se producen durante el proceso de extracción de los alcaloides de la hoja de coca.
El informe de la UNODC habla de tres tipos. La PBC pura, con las variedades de’palo de rosa’, apreciada por muchos pastómanos porque no genera paranoia; ‘roja’, de apariencia rojiza y efecto poderoso que da mucha hiperactividad; ‘chiclosa’, ‘blanca’ y ‘amarilla’. La PBC impura, también conocida como bambeada o rebajada y la PBC lavada, variedad que hasta hace pocos años no se comercializaba porque se usaba sólo para el proceso de cristalización de la cocaína.
En Latinoamérica, especialmente en Perú, Colombia y Bolivia se inicia el consumo de la pasta básica de cocaína a comienzos de la década de 1970. El mercado de estas drogas aún se caracteriza por la impunidad, reconoce la oficina de la ONU. En las principales ciudades urbanas de los países andinos se encuentran las denominadas «zonas rojas», donde se concentran los vendedores de pasta y cocaína. Y en la selva están los ‘niños verdes’, consumidores muy jóvenes, de familias pobres, que además son utilizados para la venta.
Por Isabel F. Lantigua
Fuente: El Mundo (España)

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