Adicciones

Padres, hijos y parejas: Cuando las drogas atraviesan las relaciones

Una de las luchas que a priori se presenta más difícil para padres que descubren que sus hijos consumen droga, es lograr persuadirlos a que se recuperen y abandonen el consumo. Para ello, a veces se debe transitar por una etapa muy difícil en la que el adicto niega todo tipo de comportamiento extraño que se le atribuye y en base a mentiras, escapadas y ocultamiento de la información, construye mecanismos de evasión que muchas veces son todo un desafío de superar.
El proceso mediante el cual una persona pasa desde una adicción activa hacia la recuperación sostenida, está en realidad basado en una toma de conciencia progresiva acerca del problema, y en la necesidad de cambio que influyen en la motivación. Prochaska y Di Clemente han delineado un modelo para describir el proceso de motivación creciente para el cambio, que permite evaluar la disposición hacia el cambio de cada persona.
En este modelo transicional del cambio se proponen diversas etapas o fases de la motivación:
Precontemplación: En esta etapa la persona no tiene conciencia de la existencia del problema. Por esta razón no estará motivado a buscar ayuda, lo cual hará que la adicción siga evolucionando y se acumulen las consecuencias negativas.
Contemplación: En esta etapa ya las evidencias del daño se hacen obvias para el adicto, desarrollando una conciencia del problema que va de menor a mayor. La persona en contemplación, comienza a invertir energía psicológica en pensar acerca del cambio, pero esto no se traduce en acciones concretas.
Preparación: En esta etapa las personas se motivan a buscar ayuda porque saben que deben hacer algo para resolver el problema. La persona acude a consulta, pide consejo y planifica. Aún así, no se ha llegado al punto donde se está dispuesto a invertir mucha energía en los cambios, por lo tanto el problema sigue evolucionando.
Acción: En esta etapa ya se ha pasado el punto de tolerancia, por lo que el adicto esta listo para hacer los cambios necesarios. Una vez llegado a este punto la persona sabe que no quiere seguir viviendo en su actual situación y estará dispuesto a invertir energía en los cambios. Sin embargo,si no se canaliza adecuadamente puede no avanzarse en la dirección correcta.
Mantenimiento: Una vez realizados los cambios hay que mantenerlos lo suficiente para que se hagan permanentes. Es muy usual que las personas en recuperación, se descuiden en esta fase porque a veces, no hay adecuada conciencia de la tendencia a la recaída. Si la persona invierte tiempo en mantener los cambios logrados todo irá bien, pero si se descuida o aminora la marcha, puede presentarse una recaída.
Recaídas: La adicción tiene una tendencia natural a la recaída debido a la gran cantidad de elementos aprendidos y estructurales, que están activos a pesar de que se hayan adquiridos nuevos hábitos de comportamiento. A esto se suma el hecho de que los cambios por realizar, pueden ser abrumadores. Las recaídas, muchas veces, son parte del aprendizaje hacia el mejoramiento de la recuperación. En esto la adicción se comporta como otras enfermedades crónicas.
Terminación: Una vez que los cambios son mantenidos a lo largo del tiempo, los disparadores y conductas de búsqueda, así como los deseos de uso, dejan de poseer la fuerza que han tenido sobre el adicto; se hacen menos intensos progresivamente, hasta que cesan. Aún así la tendencia a la recaída se mantiene, por lo que la recuperación en el adicto, es un proceso que dura de por vida.
Este modelo transteorético del cambio hace notar que la motivación no es una cualidad estática, sino más bien un recurso psicológico dinámico, que puede incrementarse a medida que la persona toma conciencia de su problema.
Comunicarse con su Hijo
La comunicación es de vital importancia. Una familia que se comunica es una familia sana. He aquí algunas sugerencias básicas para comunicarse con su hijo:
– Aprenda a escuchar.
– Preste atención sin interrumpir hasta que él termine de hablar.
– Hago contacto visual con su hijo mirándolo a los ojos.
– Preste atención al lenguaje corporal.
– No siempre se necesita una respuesta magistral. Puede que no la sepa. El solo hecho de escucharlo y que pueda expresar lo que siente es liberador.
No existen vacunas contra la droga ni soluciones mágicas, solo los valores y normas familiares opuestos al uso de drogas, en combinación con un fuerte vinculo entre padres e hijos y una comunicación abierta, promoverán el desarrollo saludable y reducirán las posibilidades de que nuestros jóvenes recurran a las drogas.
¿Padres cómplices de la enfermedad de su hijo?
En estos casos, si tanto la parte materna como la paterna es cómplice de la adicción del hijo, será necesaria la intervención de otro integrante de la familia para poder orientarlos. Cuando el hijo entra a un tratamiento, es de vital importancia que su grupo familiar participe de la recuperación, asista a los grupos de familia y esté pendiente de él.
En el caso de que uno de los dos sea el cómplice –el padre o la madre– deberá ser tarea de la otra parte guiar al hijo para demostrarle que lo que está haciendo está mal y llevarlo a un centro terapéutico. Así también se debe hablar con la otra parte y ponerla al tanto de la situación y advertirle que lo que está en juego es la vida de su hijo. Es fundamental que esta persona asista a los grupos de familia que se realizan para que tome conciencia real sobre la delicada situación en la que está jugando.
Parejas que se muestran preocupadas por la recuperación de la otra parte pero consumen
En estos casos, se trata de otra persona adicta, con sus propias características y condicionantes. Lo ideal es que esta persona también haga un tratamiento, no sólo por ella, sino también por su novia/o o esposa/o que están recuperándose.
Fingir que está todo bien y continuar consumiendo no es más que negar otra vez el problema e iniciar una cuenta regresiva para una futura recaída de su compañero/a –si es que la relación no termina antes.
Dado el estado de la persona, es difícil que alguien que esté afuera de la granja de internación se someta a un tratamiento por su propia cuenta. Por eso aquí es necesaria la presencia de la familia de ambos y que ellos puedan advertir también que el problema no se soluciona sólo con el tratamiento de uno, sino que es necesario que la otra parte también lo realice.
Aquí existe la posibilidad de que la familia del internado se contacte con la de quien está afuera del centro terapéutico para ponerla al tanto de cuál es la situación de su hijo/a y plantear de que puede llegar a ser posible que el/la suyo/a sufra del mismo problema ya que se conocieron en épocas de consumo. 

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