Adicciones

Las benzodiacepinas y los riesgos por mezcla con alcohol

Teniendo en cuenta que la orden de benzodiacepinas está siendo pautada por médicos de medicina general o de familia, y también, que los pacientes obvian comentar que ingieren alcohol a diario, es necesario saber que su uso y mezcla con etanol puede generar otras complicaciones derivadas de su ingesta.

Las benzodiacepinas, llamadas benzos (BZD), son el psicofármaco más recetado en la actualidad. Es utilizada generalmente para el tratamiento de los síntomas de ansiedad e insomnio. La percepción de seguridad de su uso ha llevado, posiblemente, a un abuso de estos medicamentos. También se debe tener en cuenta, que el paciente no tiene conciencia de que son medicamentos y que alteran en gran medida determinadas capacidades.

En muchas ocasiones, las personas que ingieren benzodiacepinas por la noche, durante el día ingieren alcohol, que es un depresor natural del sistema nervioso central. Los efectos potenciados por las benzos que están en sangre no son conocidos en muchos pacientes, pero los efectos adversos están ahí y pueden ser desfavorables.

Estudios han demostrado que el uso de BZD durante largos períodos es asociado con un aumento del riesgo de deterioro cognitivo, consumo de alcohol y tabaco, presencia de depresión o ansiedad y problemas de memoria asociados a la memoria episódica o contextual. Aunque permanece intacta la memoria semántica, se altera también la atención, la capacidad de concentración y una somnolencia diurna que se evita generalmente con tabaco, que es un excitante natural.

El uso de las benzodiacepinas no controlado por un médico, puede generar dependencia, y la retirada de las mismas sin prescripción facultativa, puede también provocar un efecto rebote asociado. Entre los síntomas más concretos, figuran: sudoración, taquicardia, fatiga, nauseas, pérdida del apetito, convulsiones, ataxia y el empeoramiento de síntomas preexistentes.

Entre otros existe un efecto asociado al uso de benzos con el riesgo de caídas en pacientes, así como la vinculación del deterioro de la coordinación motora y el retraso en el tiempo de reacción de los estímulos. De igual forma, se altera el rendimiento psicomotor y en la conducción de vehículos se ha visto que muchos accidentes están provocados por la mezcla de estas dos sustancias que estaban en la sangre del paciente.

La población de riesgo siguen siendo aquellas personas que ingieren alcohol, tóxicos, cannabis u otras sustancias, así como aquellos que presenten ya una patología hepática diagnosticada. La alteración del sistema nervioso central está presente y las consecuencias no son previsibles.

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