Adicciones

Fármacos contra las adicciones

Conocer mejor los complejos mecanismos que regulan la actividad cerebral permitió arrojar cierta luz sobre la neurobiología de las adicciones.

Hoy existen opciones farmacológicas para ayudar a los adictos a superar la abstinencia. Y en algunos casos son precisos también medicamentos para arrancarlos de las psicosis, estados a los que cualquier tomador compulsivo de sustancias puede llegar según la periodicidad y la cronicidad de su consumo y su vulnerabilidad individual.

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«Las drogas tienen potencial adictivo si estimulan áreas del cerebro vinculadas con la sensación de recompensa o gratificación», explica el doctor Dorado, psiquiatra.

Estudios de neuroimágenes en adictos muestran que algunos receptores de dopamina vinculados con estas sensaciones tienen menor densidad de lo normal. Así, el adicto tendría menor capacidad para obtener placer por mecanismos naturales y buscaría ese disfrute por medio del consumo.

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Dorado puntualiza que todo adicto tiene una o más comorbilidades paralelas: depresión, bipolaridad, trastornos de ansiedad, esquizofrenia. «Responder qué fue primero, si el padecimiento mental o la conducta adictiva, es una discusión bizantina -afirma-. Pero si no se tratan las comorbilidades en forma simultánea hay muchas recaídas.»

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Ese paso llamado abstinencia

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Para dejar de consumir una droga hay una sola receta: dejar de consumir. Ningún tratamiento en serio es posible de sustentar sobre la base de consumir menos o manejar el consumo. El adicto no puede dejar de consumir cocaína, pero continuar con el alcohol, la marihuana y el tabaco. No es buscar recompensa en otra sustancia.

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Así las cosas, dicen que si un paciente puede sostener la abstinencia en forma ambulatoria no es necesario internarlo, pero que si su cuadro es más severo debe residir en una institución.

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«Un tratamiento se sustenta sobre cuatro aspectos -agregan-. Lo biológico, lo grupal o comunitario, lo familiar y lo individual. Ningún fármaco es mágico. Todo debe integrarse y en todo puede haber mala praxis, tanto en un medicamento mal indicado como en una terapia mal coordinada.»

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El psiquiatra agrega que no existe un único protocolo que indique cómo actuar, pero que los fármacos bien utilizados pueden corregir alteraciones subyacentes y disminuir el anhelo de droga, que se traduce en menores «oleadas» de ganas de consumir.

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Un antihipertensivo llamado clonidina puede tratar la abstinencia del alcohólico: disminuye los niveles de noradrenalina y produce sedación, pero no tiene capacidad adictiva. Otro fármaco para el mismo fin es el acamprosato: frena vías neuronales excitatorias, pero no se utiliza más de tres o cuatro meses porque tiene potencial adictivo.

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«Los antidepresivos -continúa Dorado- están indicados para varias adicciones, y la tendencia actual es preferir los duales, como por ejemplo la venlafaxina o el milnazipran, porque actúan sobre varios neurotransmisores, y logran acción más rápida.»

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El bupoprión es un antidepresivo muy utilizado para ayudar a quienes dejan el cigarrillo. La naltrexona es antagonista de receptores opiáceos y funciona bien en adicciones a drogas de ese grupo y también en la abstinencia alcohólica. «En cuanto a la buprenorfina, que en algunos protocolos extranjeros se describe como útil para la adicción a los analgésicos, a los opiáceos o a la cocaína, yo tengo mis reservas -dice el psiquiatra-. En el fondo no se hace más que reemplazar una droga por otra, porque la buprenorfina es un opiáceo muy consumido al igual que la morfina. Son drogas de alta incidencia entre los trabajadores de la salud: médicos, enfermeros, porque son de fácil disponibilidad para alguien con acceso a una farmacia hospitalaria.»

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Un amplio grupo de anticonvulsivantes o antiepilépticos (ácido valproico, gabapentín, topiramato, lamotrigina, etc.) se indican para tratar alcoholismo y otras adicciones. El litio, una droga para el trastorno bipolar, estabiliza el ánimo y también se puede indicar en casos de bipolaridad y alcoholismo.

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Los ansiolíticos se prefieren para el manejo de situaciones agudas de la deshabituación. «Pero tienen potencial adictivo -dice el doctor Dorado-. Por eso hay que manejarse con mucho cuidado. Sin embargo, si el paciente era adicto a los ansiolíticos no se los puede quitar de golpe por riesgo de reacción paradojal, que son las convulsiones.»

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El doctor Juan Carlos Negrete, un tucumano que vive desde hace más de 40 años en Canadá, donde es catedrático de psiquiatría y dirige un centro de rehabilitación para adictos en la universidad Mc Gill de Montreal, explica que en el dramático camino que recorre un adicto siempre existe el riesgo de encontrarse con la psicosis.

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Psicosis: alerta máximo

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«El cocainómano primero consume en grupo, pero después se esconde a puertas cerradas y mientras se droga mira por el agujero de la cerradura. Está paranoico -explica el psiquiatra-. Algo similar le pasa a un alcohólico celotípico: sufre un delirio que lo hace dudar todo el tiempo. Llega a la casa y se fija si está mojada la toalla, si alguien usó la bañera… Muchas veces las psicosis duran horas y los adictos las pasan encerrados en sus casas. Cuando motivan una consulta de urgencia, estamos frente a una alarma muy importante, porque es un mal síntoma que un adicto haga una psicosis.»

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Según Negrete, si un paciente llega a una guardia en estado de delirio y no se sabe qué consumió, «lo mejor es esperar y ver cómo evoluciona -afirma- . Las psicosis inducidas por consumo de sustancias suelen ser de brusca aparición y duran entre 7 y 15 días, porque ceden frente a la abstinencia».

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Para el manejo de esta situación aguda, puntualiza el doctor Hernán Silva, profesor titular de Psiquiatría de la Universidad de Chile, «puede utilizarse olanzapina intramuscular, que permite tanto el control rápido de la agitación del paciente como de sus síntomas delirantes o alucinatorios.»

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Entre los recursos farmacológicos para abordar las psicosis toxicómanas, el doctor Negrete resaltó los antipsicóticos atípicos y, entre éstos, la risperidona inyectable de acción prolongada porque debido principalmente a su forma de administración incrementa la adherencia al tratamiento, algo complicado porque el paciente obstaculiza todo interés en su recuperación.

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